Dr. Jorge Jiménez de la Jara

Profesor Salud Pública PUC

Presidente Fundación Foro Nacional de Cáncer

 

En Enero de 1938, hace ochenta años, se promulgó la Ley de Medicina Preventiva, bajo el gobierno de Arturo Alessandri e inspirada y promovida por su ministro de Salubridad, Asistencia y Previsión Social, el profesor de Medicina Eduardo Cruz Coke.

Conmemorar este aniversario tiene sentido pues el genio de su promotor, un conservador socialcristiano, padre del desarrollo científico de Chile y gran figura de su vida política en el más amplio sentido de la palabra, puso con ella un pilar fundamental  de nuestra medicina social.  Y así lo dice en el primer párrafo del libro que publicó: “A las disposiciones que dan a la Ley un carácter imperativo debe agregar, quien la aplique, elementos de convicción social destinados a acentuar su eficacia para que así su ejercicio no sea función sólo de lo coercitivo, sino que se realice en un plan de crecimiento orgánico, sólo posible en una atmósfera de colaboración”.

En estas palabras vemos todos los elementos de la normativa legal como ordenadora en la salud pública, pero también acentúa la conciencia de las bases racionales y la voluntad de hacer una estrategia colaborativa basada en la ciencia y la ética social.

Como buen académico, Cruz Coke publicó un libro breve y didáctico escrito en paralelo al debate de la ley: Medicina Preventiva y Medicina Dirigida (Nascimento, 1938). En el texto se describen los fundamentos empíricos que llevaron a la idea de la iniciativa, encuestas a personas y poblaciones supuestamente sanas en busca de la tuberculosis, principal enfermedad como causa de mortalidad en aquellos años.

Describe como se investigó la salud de las personas a través de dichas encuestas para concluir que había un porcentaje importante de trabajadores que eran portadores de tuberculosis, sífilis y enfermedades cardiovasculares, sin tener conciencia de ello. Lo que explicaba, junto al alcoholismo, las altas tasas de ausentismo laboral y baja productividad. Con ello estableció la validez del “screening” o pesquisa para buscar activamente riesgos y patologías y así intervenir precozmente en su prevención y tratamiento.

Reflexiona sobre la economía y la salud de las comunidades estableciendo la necesidad de tener individuos sanos como un bien y como requisito para la productividad y el consumo, distingue lo financiero y la “economía humana”.

Notable fue por su parte que esta ley era aplicable a todos los trabajadores, ya fueran del sector público como del privado, insinuando sin decirlo explícitamente, el principio de la universalidad de la seguridad social en salud.

Plantea también pioneramente la responsabilidad del Estado en estas materias y justifica los costos que las soluciones implicaban. Para ello dice es necesaria una “Medicina Dirigida”, es decir bien administrada, con racionalidad y responsabilidad fiscal.

El debate parlamentario fue rico y de alto nivel. La historia recoge diálogos notables entre Cruz Coke y Salvador Allende, entonces diputado socialista y antes su alumno de medicina. Ambos coinciden en el diagnóstico, pero Allende, votando a favor de la iniciativa, pone el acento en el cambio político necesario. Cruz Coke se defiende brillantemente diciendo que esta iniciativa se hacía cargo de un problema, aquí y ahora, sin esperar la utopía final.

Los impactos que esta Ley tuvo en el desarrollo institucional de la salud pública chilena son visibles y reconocidos. Entrado el siglo XXI un ochenta por ciento de la población del país depende de la medicina pública.

Los elementos de esta Ley emblemática son perfectamente aplicables a un problema prioritario de nuestros días como el cáncer. Necesitamos un marco jurídico que incentive los aspectos de prevención, pesquisa y diagnóstico oportuno, tratamiento eficaz y acceso equitativo, junto a una preocupación por los sobrevivientes y sus necesidades.

La reciente campaña presidencial ha puesto énfasis en el problema del cáncer y la necesidad de contar con mejores instrumentos de política pública para su control.

Es preciso aprovechar este consenso.